La creciente fragmentación de los ecosistemas naturales, producto de la expansión urbana, agropecuaria y minera, ha intensificado el aislamiento de parches de vegetación, generando efectos negativos sobre la biodiversidad, tales como la pérdida de conectividad genética, la disminución de la resiliencia ecológica y la reducción de la oferta ecosistémica. A pesar de los esfuerzos restaurativos que se realizan en diversos territorios estos suelen ser acciones aisladas, motivadas por buenas intenciones, pero carentes de una directriz regional que garantice su coherencia espacial y funcional. Esta ausencia de coordinación ha llevado a que muchas iniciativas se desarrollen bajo lógicas locales fragmentadas, desconectadas entre sí configurando
un mosaico de islotes ecológicos con baja funcionalidad sistémica.
Frente a esta problemática, Corantioquia plantea consolidar una estrategia regional de largo plazo para articular ecológicamente su territorio: el Esquema de Conectividades Ecosistémicas (ECE), adoptado mediante la Resolución 040-RES2312-6660 de 2023. Aunque su adopción ha generado inquietudes por tratarse de una nueva determinante ambiental, el ECE no impone restricciones absolutas al uso del suelo, sino que propone una planificación territorial orientada
desde la funcionalidad ecológica. Su enfoque reconoce la necesidad de superar las visiones fragmentadas y territorios administrados de forma parcelada, proponiendo en cambio una red interconectada de nodos estratégicos y rutas funcionales que atraviesan los límites administrativos.